
Una tarde de lluvia en noviembre, de esas que lavan el sillar de Yanahuara hasta dejarlo brillante. Estaba sentada en la mesa de la cocina, con el cuaderno verde abierto y el café enfriándose. De pronto, la lámpara del pasillo empezó a parpadear. No era el parpadeo errático de un foco viejo; tenía un ritmo, una cadencia que me hizo soltar el lapicero. Qué bestia, pensé, si acabo de cambiar ese foco.
Antes de seguir, quiero contarte algo. En este diario comparto links de afiliados a Hotmart. Si decides matricularte en alguno de los cursos que menciono a través de ellos, yo recibo una comisión sin que a ti te cueste ni un sol más. Solo hablo de lo que yo misma he estudiado y probado en este camino; si algo no me convenció, te lo diré con la misma honestidad con la que anoto mis dudas. Pero recuerda: esto es solo mi experiencia, no una guía profesional ni un consejo médico.
La lógica de la enfermera y la electricidad de Arequipa
Llevo catorce años trabajando en la clínica. Estoy acostumbrada a los monitores que pitan, a las luces de emergencia y a buscar siempre la causa física. Cuando la luz falló, mi primer instinto fue técnico. Aquí en Perú el voltaje estándar es de 220V y la frecuencia es de 60 Hz; cualquier variación en la red puede hacer que un LED parpadee. Pero mientras miraba el pasillo, sentí ese frío seco en la nuca que no tiene nada que ver con el clima de los 2335 msnm donde vivimos.
Esa noche anoté en el cuaderno: "¿Es la red eléctrica o es ella?". Mi hermana dice que me estoy obsesionando, que la pena me hace ver cosas donde solo hay cables viejos. A veces, al mirar el reloj de pared que encontré en el suelo la mañana del santo de mamá, yo misma me lo pregunto. ¿Es mi mente buscando consuelo o es que la energía realmente se manifiesta así?
Cuando el técnico no encuentra el fallo
A mediados de marzo, la situación en la cocina se volvió insoportable. La radio se encendía sola y el televisor cambiaba de canal. Llamé a un técnico de Yanahuara, un señor serio que revisó todo el cableado. "Señorita Inés, aquí no hay nada malo", me dijo rascándose la cabeza. Gasté en la revisión para descubrir que los fallos seguían ocurriendo sin causa técnica. Fue frustrante, un fracaso que me hizo sentir tonta por un momento.
Sin embargo, ese mismo día, mientras el técnico guardaba sus herramientas, el olor a crema de manos de rosas —esa que mamá usaba siempre antes de dormir— inundó el pasillo justo cuando el televisor se encendió solo en un canal sin señal, mostrando solo ese ruido blanco que parece lluvia estática. Me quedé helada. No había ráfagas de aire, las ventanas estaban cerradas. ¿Cómo se explica eso con un multímetro?
En ese tiempo ya había terminado el Taller de Ángeles y Lectura de Cartas Angelicales. Me ayudó a no tener miedo, pero sentía que necesitaba algo más profundo para entender estas "interferencias". No buscaba predecir el futuro, buscaba entender si mi casa se había vuelto un receptor de algo que no podía ver.
La Transcomunicación Instrumental y el cuaderno verde
Pocas semanas después de empezar el nivel avanzado del curso que realmente me sostuvo, el Medium Certificado + Avanzado, aprendí sobre la Transcomunicación Instrumental. Es la idea de que quienes ya no están usan dispositivos electrónicos porque es la energía más fácil de manipular. No es como en las películas; es sutil. Es una canción que suena cuando más la necesitas.
Un martes cualquiera por la mañana, saliendo del turno noche, llegué a casa agotada. Encendí la radio para escuchar las noticias y, de la nada, la aguja sintonizó una estación de boleros antiguos. Era la canción favorita de mamá. Un escalofrío seco me recorrió la espalda. Me senté en el suelo, frente a la radio vieja, y por primera vez en meses no lloré. Solo escuché. Sentí que era un "estoy aquí, ya pues, descansa".
A veces me pregunto si es pareidolia, esa tendencia nuestra a ver formas en las nubes o mensajes en el ruido. Como enfermera, sé que el cerebro es experto en crear patrones para sobrevivir al dolor. Pero el cuaderno verde no miente: las fechas coinciden demasiado seguido con momentos de necesidad emocional profunda. Si quieres profundizar en cómo distinguir esto, quizás te sirva leer sobre cómo saber si son señales o imaginación.
Vivir con la duda y la paz en el balcón
Ahora que estamos a mediados de este invierno de 2026, las cosas se han calmado un poco. O tal vez es que yo he dejado de saltar cada vez que un foco parpadea. El curso avanzado me enseñó que no necesito ser una médium profesional para aceptar estas señales. Yo sigo siendo la misma asistente de enfermería que prepara su café mirando el Misti, pero ahora miro mi lámpara del pasillo con una sonrisa pequeña.
He aprendido que si un aparato falla y el técnico dice que está bien, puedo permitirme la duda. No es falta de lógica; es ampliar la mirada. Si estás pasando por esto, te diría que anotes todo. Los beneficios de llevar un diario de señales son reales, aunque solo sea para vaciar la cabeza y que tu hermana no crea que te estás volviendo loca.
A veces, el parpadeo de una luz es solo un cable suelto por la humedad de Arequipa. Pero otras veces, cuando el olor a rosas aparece de la nada y la radio toca un bolero, elijo creer que es mamá saludando desde algún lugar que mi manual de enfermería no alcanza a explicar. Si sientes que necesitas herramientas para procesar esto, a mí me ayudó mucho el Medium Certificado + Avanzado para ponerle orden al caos de mi cuaderno. Pero recuerda, si el dolor es muy fuerte, siempre es bueno hablar con un psicólogo; las señales acompañan, pero no curan el duelo solas. Ya pues, toca seguir, que el turno de la tarde empieza pronto.