Cuaderno de Señales

Por qué decidí aprender a leer el tarot para sanar mi duelo

2026.06.20

¿Qué se supone que debes hacer cuando ya lloraste todo lo que tenías que llorar y el duelo sigue ahí, sin nombre ni forma? No tengo una respuesta ordenada: tengo un cuaderno verde casi lleno, un mazo de tarot que compré con más dudas que certeza, y esta página, donde trato de responder lo que la gente me pregunta desde que empecé a escribir sobre esto.

Antes de seguir: algunos enlaces de aquí son de afiliado, de cursos de Hotmart que tomé yo misma en mis noches libres. Si te matriculas a través de ellos recibo una comisión pequeña, sin costo extra para ti. Sigo siendo auxiliar de enfermería, no guía espiritual ni terapeuta, y esto sigue siendo mi proceso, no una receta para el tuyo.

Este texto incluye enlaces de afiliado a cursos que he tomado yo misma. Si te matriculas a través de ellos, recibo una comisión pequeña, sin ningún costo adicional para ti.

¿Por qué el tarot, si lo único que quería era dejar de llorar?

Probé primero lo que prueba casi todo el mundo: dormir con ayuda. Tomé alprazolam durante tres meses seguidos, con indicación médica, y el sueño volvía, pero el vacío seguía intacto apenas se pasaba el efecto — no fue una solución, fue una pausa que se acababa cada mañana. Necesitaba algo que no me apagara, sino que me diera un lugar donde poner lo que sentía. Ya había escrito en otro lado sobre notando señales de mamá o si era mi imaginación proyectando lo que extraño, y esa duda seguía sin resolverse cuando encontré el tarot: no como oráculo, sino como un lugar donde ordenar la pregunta.

Una madrugada me desperté de golpe con el olor a la crema de manos de mamá metido en la nariz, tan nítido que por un segundo busqué el frasco en la mesa de noche; no estaba, lo anoté en el cuaderno verde con la hora exacta y volví a dormir sin resolver nada. Ese tipo de momento, de los que no se explican ni se repiten cuando quieres, es el que me llevó a buscar algo más que anotar y esperar.

El tarot terapéutico no promete respuestas, ordena preguntas

El primer curso que tomé fue el CURSO DEL TAROT, uno de los más económicos que encontré, pensado para quien solo quiere entender el lenguaje de las cartas sin pretensión de certificarse en nada. Ahí aprendí la diferencia entre el tarot adivinatorio y el terapéutico, que es de lo que más me preguntan: el primero promete decirte qué va a pasar, el segundo te pregunta por qué te duele tanto lo que ya pasó. No es un oráculo. Es una confrontación ordenada, carta por carta.

Camino mucho por las callejuelas pintadas de naranja y rojo cerca del Monasterio de Santa Catalina cuando salgo del turno, y ahí suelo pensar en esto: los muros de sillar de esa parte de la ciudad llevan siglos sosteniendo algo que ya no está completo, y siguen en pie igual. El tarot terapéutico funciona parecido: no rellena el vacío, sostiene la estructura alrededor de él.

¿Esto es lo mismo que hablar con los muertos?

No, y esta es probablemente la pregunta que más me escriben. El tarot no me habla de mamá; me da un sistema para no salir corriendo cuando algo dentro de mí se remueve. Antes de esto había pasado por un curso de Medium Certificado + Avanzado, que abrí sobre todo para dejar de tenerle miedo a las sensaciones — a lo que se siente en el cuerpo cuando algo no tiene explicación clara — y no tanto para aprender a comunicarme con nadie. Cómo se aprende, módulo por módulo, ese tipo de curso ya lo conté en otra entrada, así que no me voy a repetir aquí. Lo del olor a crema de manos apareciendo en habitaciones vacías también lo desarrollé en otra parte de esta página.

La diferencia entre notar una señal y perseguirla

Clarita Villafuerte, una lectora que me escribe desde Oaxaca desde hace un tiempo, me preguntó algo que se me quedó dando vueltas: si soñar tres noches seguidas con su madre en el mismo lugar significa algo, o si su mente solo repite lo que más extraña. Ya escribí en otra entrada sobre qué puede significar ese tipo de sueño recurrente, así que no me voy a extender aquí, pero sí puedo decir esto: la pregunta que se hacía Clarita es la misma que me hago yo con cada carta que sale. Anotar la señal sin salir a cazarla es distinto de perseguirla en cada sueño o en cada objeto que se mueve — ya hablé en otro momento de los beneficios de llevar ese tipo de diario, y también del significado espiritual de que se caigan cosas, que en el hospital trato de mirar primero con lógica física antes que con otra cosa.

El tarot como sistema me sirve más pensarlo como estructura que como profecía — un alfabeto de símbolos que alguien más ordenó antes, no una vía directa a mamá. Con el mazo aplico la misma regla que con cualquier otra señal: pregunto primero si la carta salió porque el mazo es nuevo, o porque yo la necesitaba esa noche en particular.

Cruzar el Mirador de Yanahuara sin buscar nada

Sigo pasando por el Mirador de Yanahuara cuando vuelvo de un turno largo, y ya no me detengo a buscar nada ahí; antes sí, ahora solo camino. Se lo conté a Azucena Valdivia, mi compañera de turno de tantos años, el día que empecé el primer curso; ella no preguntó demasiado, solo asintió con esa seriedad suya de guardar las cosas sin comentarlas con nadie más, y eso, de una forma que no sé explicar del todo, me ayudó más que cualquier consejo. Hay preguntas que uno necesita decir en voz alta sin que la otra persona intente resolverlas de inmediato.

¿Por dónde empezar si el presupuesto es el problema?

Si el dinero es lo que te frena, yo empezaría por algo más suave que el tarot tradicional. El Taller de Ángeles y Lectura de Cartas Angelicales fue justamente el primero que probé, y es más accesible que los otros dos que menciono aquí — menos denso, menos "crudo", con materiales pensados para alguien que nunca ha tocado un mazo. No resuelve la pregunta de si esto es real o proyección — eso lo sigues masticando tú solo — pero como primer paso, sin gastar de más, me sirvió para no sentir que estaba saltando al vacío sin nada en las manos.

Lo que sí puedo responder, aunque el resto siga abierto

Después de todas estas preguntas, esto sí puedo responderlo: si una carta te remueve algo, la prueba que uso yo misma es preguntarme si lo que sentí se sostiene con los ojos abiertos, sin la carta delante, diez minutos después. Si se sostiene, lo anoto como algo real para mí, aunque no sepa explicarlo del todo. Si se diluye apenas guardo el mazo, lo anoto como el cansancio del turno hablando, no como una señal. Esa es la única regla que tengo para no perderme entre lo que quiero que sea cierto y lo que probablemente solo es duelo buscando una forma. Si te late seguir por este camino de los arcanos, adelante — pero llévalo como herramienta para hacerte preguntas, no como respuesta cerrada. Las respuestas cerradas, en el duelo, casi nunca duran.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.