Cuaderno de Señales

Qué dice la fe sobre hablar con los muertos en el duelo

2026.06.22
Balcón con vista al Misti al atardecer, imagen que ilustra la reflexión sobre duelo y fe al hablar con los muertos

Mi padre reza por mi mamá; yo le hablo directamente a ella. Son dos formas de sostener el mismo duelo, y la Iglesia católica, con toda su autoridad, solo bendice una de las dos. Después de cinco años dándole vueltas a esta diferencia, ya no estoy segura de que la distinción sea tan limpia como la catequesis quiere hacerla parecer. Esto no es un tratado de teología ni una introducción a la mediumnidad para principiantes: es lo que he ido anotando en mi cuaderno verde sobre la comunicación espiritual dentro del duelo y la fe, y sobre las señales de duelo que la fe de mi padre no sabe dónde guardar.

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Frente a la Catedral: lo que permite el catecismo y lo que prohíbe

La Plaza de Armas de Arequipa, frente a la Catedral de sillar blanco, es donde mejor se ve esta tensión. El Misti asoma detrás de las torres, tan cerca que da la sensación de que el cielo pesa menos ahí arriba. Mi padre cruza esa plaza casi todos los domingos rumbo a misa, tan católico él, y para él la muerte es un muro de vidrio: uno reza por los que se fueron, ellos descansan, Dios está en medio. Cualquier intento de "hablar" con mamá le suena a espiritismo, a algo prohibido que no se nombra en su casa.

Como auxiliar de enfermería en una clínica del centro, cerca de la Av. Goyeneche, vi apagarse monitores cientos de veces antes de que la biología me alcanzara para explicar nada sobre mi propia madre. Cuando murió en 2021, el reloj de la cocina se cayó de la pared justo el día de su santo, y ninguna explicación física terminó de convencerme del todo. No voy a repetir aquí lo que ya escribí sobre el significado espiritual de que se caigan cosas sin explicación física; solo digo que esa mañana marcó la primera vez que anoté algo en el cuaderno verde sin saber si era una señal o si simplemente necesitaba que lo fuera.

Mano tocando la textura porosa del sillar blanco de una fachada colonial arequipeña, cerca de la Catedral

¿Invocar o evocar? La distinción que cambia la comunicación espiritual

La teología tiene una salida que mi padre casi nunca menciona: la Comunión de los Santos, la idea de que el lazo con los que se fueron no se rompe, solo cambia de forma. Ahí se distingue entre invocar (forzar contacto, llamar con ritos) y evocar o pedir intercesión, que es otra cosa. Mis entradas del cuaderno verde, cuando las releo, se parecen más a esto último: conversaciones silenciosas mientras limpio el polvo de sus fotos, no sesiones de nada.

Hay noches en que el olor de su crema de manos llena el pasillo sin ningún motivo que yo pueda nombrar, qué bestia, y hay mañanas en que despierto con la certeza física de que alguien estuvo sentado al borde de la cama un segundo antes de abrir los ojos. No sé poner ninguna de las dos cosas en una categoría religiosa ni científica; solo las anoto y sigo.

Seis meses de terapia que no bastaron

Antes de cualquier curso probé la vía que se supone hay que probar primero: seis meses de sesiones con la psicóloga que me tocó por el seguro social. Fui puntual, hice las tareas que me pedía, y al terminar esos seis meses seguía sin poder nombrar lo que me pasaba con el reloj caído y con el olor en el pasillo. Eso no significa que la terapia no sirva; significa que mi duelo, largo y esperado, no era el tipo de duelo agudo para el que esa terapia estaba pensada, y que necesitaba otra herramienta además, no en lugar de.

Aprender a distinguir la señal de la proyección

La pregunta que más trabajo me costó no fue si mamá existía en algún lado, sino cómo saber si lo que yo sentía era ella o simplemente mi mente pidiendo consuelo. Ya escribí en otra entrada sobre cómo distingo una señal real o mi imaginación, así que no voy a repetirlo entero aquí. Lo que sí puedo contar es el sueño: la tercera vez que soñé con ella sentada en el mismo banco, mirando al Misti, no me desperté angustiada a mitad del sueño como las otras veces; me quedé quieta hasta el final, viéndola ahí, y desperté con calor en el pecho en vez del susto de siempre. Sigo sin saber si eso cuenta como señal o si es la mente acomodando el duelo para poder dormir.

Mi vecina, por su lado, no escribe nada de esto: baila marinera en la academia del barrio los miércoles por la tarde y ahí procesa lo suyo. Cada quien encuentra su forma de seguir moviéndose.

Pequeño rincón de recuerdo con foto, rosario y el cuaderno verde de lino donde anoto las señales de duelo

Dos cursos, dos maneras de poner estructura a las señales

Ese mismo año me matriculé en el Medium Certificado + Avanzado, no porque quisiera colgar un cartel de médium en la puerta de mi departamento en Yanahuara, sino porque incluía una comunidad de gente que sentía cosas parecidas a las mías. El "Certificado" del nombre es del vendedor, no una acreditación oficial de nada. Eso lo tuve claro desde el primer módulo. Lo que sí me dio fue estructura: aprender mediumnidad ahí no fue un rayo ni una revelación de un día para otro, fue más bien acostumbrar el oído a algo que ya estaba sonando. Me costó bastante, lo pagué en cuotas, y algunos módulos dan por sentadas creencias que yo no comparto del todo. Eso también hay que decirlo.

Meses antes había probado el Taller de Ángeles, más económico y más dulce de entrada, con cartas angelicales que me ayudaron a ponerle nombre a un par de señales sueltas. Pero está pensado para lectura sistemática, no para la pregunta puntual de si esto es real o proyección de duelo, que era la mía. Si lo que buscas es el tarot como práctica de intuición personal, existe esa puerta también. No fue la que yo elegí, pero entiendo por qué alguien la tomaría primero.

Inés estudiando un módulo del curso de mediumnidad para principiantes en su computadora por la noche

¿Y si el duelo es traumático?

En el foro del curso conocí a personas cuya pérdida no se pareció en nada a la mía: gente que perdió a alguien por suicidio, o de forma repentina, sin los meses de aviso que tuve yo con mamá. Para ellos, el discurso de "esperar una señal" puede volverse un arma de doble filo cuando se preguntan: "¿por qué no me la dio antes?", y ahí la fe empieza a doler en vez de sostener.

Si tu pérdida fue de ese tipo, escúchame como la auxiliar de enfermería que soy y no como alguien que sabe de duelo traumático: la conexión espiritual no puede ser el primer paso. Necesitas primero el trabajo clínico, un psicólogo que procese el trauma contigo, aunque, como me pasó a mí con la terapia del seguro social, no siempre sea la cura completa ni rápida. La fe es un bálsamo después, no un atajo antes.

Atardecer naranja sobre el volcán Misti visto desde un balcón en Yanahuara, símbolo del duelo y la fe de esta reflexión

Entre la catedral y el balcón, sin elegir un solo bando

Cuando salgo al balcón muy temprano, antes de que el cielo se ponga naranja, el Misti todavía tiene esa luz fría de la madrugada que no calienta nada pero ordena la cabeza igual. Ahí termino la mayoría de mis entradas del cuaderno verde, y ahí veo más claro la diferencia entre las dos formas de sostener el duelo: si tu fe ya es la estructura que te sostiene entera, no necesitas cambiarla por esto que cuento. Pero si notas señales en momentos de tristeza profunda y tu fe no tiene un cajón donde guardarlas sin llamarlas pecado, entonces el problema no es tu fe; es que te falta un lugar intermedio entre invocar y no sentir nada.

Si quieres herramientas para poner ese cajón en orden, a mí me ayudó el Medium Certificado + Avanzado, sobre todo por la comunidad; si prefieres algo más suave para empezar, el Taller de Ángeles es una puerta menos intensa. Mi padre sigue yendo a su misa de siete y yo sigo escribiendo en mi balcón. Ninguno de los dos tiene la última palabra, y ya pues, con eso me basta para seguir viviendo.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.