Cuaderno de Señales

Cómo interpretar las señales de ángeles en momentos de tristeza profunda

2026.06.09
Cómo interpretar las señales de ángeles en momentos de tristeza profunda

Una tarde nublada de noviembre, de esas donde el cielo de Arequipa se pone color panza de burro y el frío empieza a colarse por las rendijas del balcón en Yanahuara. Estaba sentada ahí, con el cuaderno verde sobre las piernas, mirando hacia donde debería estar el Misti. Pero el volcán estaba escondido tras las nubes. Mi madre decía que cuando el Misti se tapa es porque está guardando secretos. Yo solo sentía ese vacío en el pecho que ya conozco bien desde que ella se fue hace cinco años.

Antes de seguir, quiero contarte algo importante. En este cuaderno suelo poner links a cursos de Hotmart que me han ayudado a no sentirme tan sola con estas dudas. Si decides entrar a alguno a través de mis enlaces, me dan una pequeña comisión sin que a ti te cueste un sol más. Solo escribo sobre lo que yo misma he visto en mis noches de guardia o en mis tardes de descanso; lo que no he probado, te lo aclaro. Y por favor, no te creas todo esto como una verdad absoluta; soy auxiliar de enfermería en una clínica de la Av. Goyeneche, no una guía espiritual ni una experta en nada. Solo anoto lo que noto.

El peso del silencio en el tercer piso

Trabajar en la clínica te da una piel dura, o eso creía yo. Catorce años viendo entrar y salir gente, administrando sueros, cambiando sábanas. Pero cuando la que se fue fue ella, en ese verano extraño de 2021, mi piel se volvió de papel de fumar. El tercer piso de nuestro departamento en Yanahuara, ese que ella me ayudó a comprar, se volvió inmenso. El silencio aquí tiene peso.

Hace unos meses, durante las primeras semanas de enero, empecé a notar que la tristeza ya no era solo un peso, sino una especie de neblina. En esos momentos de tristeza profunda, uno busca lo que sea. Una pluma en el pasillo, una moneda, una luz que parpadea. Pero mi mente de enfermera siempre me decía: 'Ya pues, Inés, es la corriente de aire' o 'Es el cableado viejo del edificio'. Esa duda constante entre la fe que me enseñaron y la lógica clínica de mi turno noche es lo que más me cansa.

Textura de piedra sillar blanca bajo la luz del atardecer en Yanahuara.

¿Cómo saber si lo que sentimos es una señal o solo el cerebro tratando de sobrevivir al dolor? A veces me quedo tocando el sillar frío del balcón, esa piedra blanca que hace que Arequipa sea única, y me pregunto si los ángeles realmente se molestan en bajar a 2,335 metros sobre el nivel del mar solo para decirme que todo va a estar bien. En mi cuaderno verde tengo anotado: '¿Es señal o es proyecto?'. La mayoría de los días, no tengo la respuesta. Solo tengo la sensación.

El Taller de Ángeles: Un puente entre la clínica y el misterio

Fue a finales del invierno pasado cuando me cansé de no tener palabras para lo que sentía. En una de esas noches donde no podía dormir, abrí la laptop y me inscribí en el Taller de Ángeles y Lectura de Cartas Angelicales. Me costó unos setenta y siete dólares, que para mí es harto, pero necesitaba una estructura. No quería algo tan rígido como las misas a las que va mi papá, pero tampoco algo que no tuviera pies ni cabeza.

El curso me enseñó algo que me cambió la perspectiva: las señales no siempre son espectaculares. A veces son solo sincronicidades. Como cuando en la clínica, un paciente que no conocía de nada me dijo exactamente la misma frase que mamá usaba para despedirse: 'Cuídate de los hielos, hija'. Qué bestia, se me heló la sangre. En el taller explicaban que los ángeles usan lo que tenemos a mano para comunicarse. Para mí, fue ese recordatorio de que no estoy tan sola en el turno de las 4 am.

Si alguna vez has sentido algo parecido, quizás te sirva leer sobre cómo saber si son señales de seres queridos o mi imaginación. Yo sigo en ese proceso de discernimiento, pero el taller me dio las primeras herramientas para no descartar todo como una simple casualidad.

Estetoscopio junto a un cuaderno verde en una habitación de Arequipa.

La trampa de la evasión espiritual

Aquí es donde me pongo un poco pesada, pero es que lo veo mucho en la clínica y lo he sentido en mi propia carne. A veces, buscar señales de ángeles en plena tristeza profunda es una trampa. Es más fácil buscar una pluma que aceptar que mamá ya no va a tomar café conmigo los domingos. A veces usamos lo 'espiritual' para no sentir el hueco en el estómago.

En el cuaderno verde escribí: 'Hoy busqué señales porque no quería llorar'. Y eso está mal. O no mal, pero es incompleto. El duelo real duele, quema, y ninguna carta angelical te va a quitar eso de golpe. Si estás pasando por un momento muy oscuro, por favor, no te quedes solo en los ángeles; habla con un psicólogo o con alguien que te sostenga. Yo misma he tenido que aprender que las señales son compañía, no un analgésico.

El aroma a las cuatro de la mañana

Hace un par de meses, sucedió algo que no pude explicar con mi manual de enfermería. Eran casi las cuatro de la mañana. Estaba en mi cuarto, el aire estaba quieto, y de pronto, el olor. Era la crema de manos de mi madre. Ese olor a rosas viejas y algo medicinal. No había nadie más en el departamento. El Misti, allá afuera a sus 5,822 metros, seguía en silencio bajo la luna.

Sentí un tacto frío en el sillar del marco de la ventana, pero por dentro me recorrió un calor súbito. Fue la misma sensación que tuve cuando hice uno de los ejercicios del curso y saqué una carta que hablaba de la 'presencia en el silencio'. No fue un mensaje articulado, no escuché voces. Fue solo ese olor que me recordó que el amor no se evapora como el alcohol en una herida.

Si te ha pasado algo similar con los olores, escribí un poco más sobre eso aquí: Por qué siento olor a perfume de alguien fallecido en casa. Es increíble cuánta gente en Arequipa me ha contado historias parecidas cuando les muestro mi cuaderno.

Cartas de ángeles extendidas sobre una manta con motivos andinos.

Interpretando las señales en el Mirador de Yanahuara

Un domingo por la mañana, hace poco, bajé al Mirador de Yanahuara. Me senté en el mismo banco de siempre, el que mira directo al volcán. He tenido un sueño recurrente durante meses: mamá sentada ahí, mirando la luz del sol golpear el sillar blanco de los arcos. En el sueño ella no me habla, solo señala hacia el Misti.

Al sacar mis cartas angelicales ese día, sentí ese calor en el pecho otra vez. La carta hablaba de la 'perspectiva elevada'. Miré los arcos, miré el volcán y entendí que tal vez interpretar señales no es descifrar un código secreto, sino simplemente permitirte sentirte acompañada. No soy médium, y el curso de Medium Certificado + Avanzado que empecé después (pagándolo en cuotas porque es carito) me ha servido para entender que esto es un proceso largo, no una respuesta mágica.

Para interpretar señales en momentos de tristeza, yo sigo estas reglas que me puse en el cuaderno verde:

Vista del volcán Misti desde los arcos del Mirador de Yanahuara.

Al final del día, vuelvo a mi turno en la clínica. A veces, cuando estoy cansada y el dolor de espalda no me deja ni pensar, recuerdo ese aroma de las cuatro de la mañana o la luz sobre el sillar. No sé si son ángeles, no sé si es mi madre, o si es solo mi mente buscando un respiro entre tanta bata blanca y desinfectante. Pero me ayuda a seguir. Me ayuda a que el corazón no pese tanto como una piedra de volcán.

Si sientes que necesitas un poco de ese orden en medio de tu propio duelo, tal vez el Taller de Ángeles sea un buen lugar para empezar, como lo fue para mí. No te va a resolver la vida, pero te va a dar un lugar donde poner tus preguntas. Y si alguna vez pasas por Yanahuara y ves a una mujer con un cuaderno verde mirando al Misti, acércate. Tal vez podamos comparar notas sobre lo que hemos notado en el silencio.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.