Cuaderno de Señales

Por qué siento olor a perfume de alguien fallecido en casa

2026.05.30
Por qué siento olor a perfume de alguien fallecido en casa: señales de duelo y clariolfacción explicadas

Cuatro veces en las últimas semanas he sentido el olor de la crema de manos de mi madre en el pasillo de mi departamento, sin ningún frasco de esa marca cerca. Cuatro veces, no dos, no una: las cuento porque en mi cuaderno verde llevo una lista exacta, y esa lista es lo único que me impide decir que me lo estoy imaginando. Le puse nombre a esto hace poco: clariolfacción. Suena a término de curso de mediumnidad para principiantes, pero para mí sigue siendo, antes que nada, una de esas señales de duelo que una no pide pero tampoco puede apagar. Este cuaderno es donde guardo esa mezcla de duelo y espiritualidad, sin que ninguno de los dos termine ganando del todo.

Antes de seguir, la nota de siempre: en esta página hay enlaces de afiliado a Hotmart. Si te matriculas en alguno de los cursos que menciono más abajo, a mí me llega una comisión, y a ti no te cuesta nada extra. Escribo solo sobre lo que he probado yo misma en mis noches libres de la clínica; nada de esto es una verdad cerrada, y mucho menos un diagnóstico. Es un cuaderno, no un consultorio.

¿Qué es la clariolfacción y por qué aparece en las peores noches?

Tiene nombre clínico y todo. La clariolfacción es la percepción de un olor que no tiene una fuente física en la habitación donde estás parada. No me lo inventé para sentirme menos loca esa madrugada de octubre. Entre el 47% y el 82% de las personas en duelo reportan al menos una experiencia sensorial de la persona que perdieron: sentir su presencia cerca, escuchar su voz, oler su perfume. Son respuestas documentadas del proceso de duelo, leí después, no síntomas de un trastorno mental. Eso no explica por qué el olor de mamá elige justo los peores turnos de noche para aparecer, pero al menos deja de sonar a delirio de cansancio.

Como técnica de enfermería llevo catorce años viendo cuerpos y duelo ajeno antes que el propio, y sé que el cerebro cansado inventa patrones donde no los hay. Pero esto no se sentía como cansancio. Se sentía como algo que llegaba de afuera y me encontraba a mí, no al revés.

Cuaderno de señales de duelo junto a un frasco de perfume antiguo sobre piedra sillar, símbolo de clariolfacción

Cuatro semanas de la misma señal en el pasillo

Llevo cuatro semanas anotando la fecha exacta cada vez que pasa. No las cuento para probarle nada a mi hermana, que ya tiene su propia teoría sobre las cinco etapas del duelo y sobre en cuál de ellas sigo atascada. Las cuento porque el cuaderno verde es lo único que no me deja inventar recuerdos después de que pasan. Cómo fue aprender todo esto módulo a módulo, entre turno y turno de la clínica, ya lo conté en otra entrada del cuaderno; aquí solo diré que fue más lento de lo que esperaba.

En uno de esos turnos largos abrí el módulo del curso Medium Certificado + Avanzado, el mismo que vengo pagando en cuotas desde el año pasado. En el foro del curso hay una mujer que firma como Edelmira Parreño, sicóloga jubilada, que comenta como si estuviera tomando apuntes de todo el grupo más que compartiendo lo suyo. Una vez le pregunté por qué seguía ahí después de tantos años trabajando con el duelo de otros, y me dijo algo que anoté entero: que encontró más honestidad sobre la incertidumbre en ese foro que en veinte años de literatura clínica. El primer curso que probé, antes que este, fue el Taller de Ángeles y Lectura de Cartas Angelicales, con materiales sencillos para quien no sabe nada de tarot, aunque más pensado para la lectura sistemática que para esta pregunta puntual mía.

Reloj de cocina detenido junto a flores de lavanda, señal de duelo registrada en el cuaderno verde

Esa misma semana se cayó el reloj de la cocina sin que nadie lo tocara -el mismo que mamá me ayudó a colgar cuando compré este departamento-, y aunque el significado de esas cosas que se caen solas da para su propia entrada del cuaderno, aquí lo dejo solo como otro dato curioso de esta cuarta semana.

No pude terminar ninguno de esos libros

En el velorio de mamá, dos primas y una vecina me regalaron libros sobre el duelo. Bien intencionados, con títulos que prometían acompañarte paso a paso. Empecé cada uno más de una vez. No pasé de la página treinta en ninguno. Algo en el tono de manual me sacaba de la experiencia real, como si el dolor tuviera que seguir un orden de capítulos. Terminé prestándoselos a mi cuñada, que sí los leyó completos y dice que le sirvieron. A mí no. Eso también lo anoté en el cuaderno verde, no como fracaso sino como dato: lo que funciona para una persona en duelo no funciona necesariamente para otra.

Mano rozando una cortina de encaje en una habitación de Arequipa durante un momento de duelo y espiritualidad

Distinguir el rastro real de la proyección

Mi hermana insiste en que estoy proyectando; mi padre, a su manera católica, prefiere que rece un rosario y deje de buscarle tres pies al gato. Ninguno de los dos estaba en el pasillo a las cuatro de la mañana. Hay maneras más sistemáticas de intentar diferenciar una señal real de la simple imaginación, pero esa lista completa la dejo para otra página del cuaderno; aquí solo cuento lo que a mí me sirvió, que fue simplemente escribirlo antes de decidir qué significaba.

Es distinto de lo que me pasa dormida. Llevo tres veces soñando con mi madre sentada en el mismo banco, y esta última vez fue la primera en que se quedó quieta hasta el final del sueño, sin levantarse ni decir nada, como si ya no necesitara moverse para que yo entendiera algo. Con el olor no pasa lo mismo: no hay escenario, no hay ella sentada en ningún lado, solo el rastro. Sobre qué significa soñar con madre fallecida en un mismo lugar ya escribí aparte; aquí solo dejo anotada la diferencia: el sueño cuenta una historia completa, el olor solo la confirma de paso.

Ramas de romero y taza de café en una cocina al atardecer, ritual cotidiano de duelo y espiritualidad

Frente a la Catedral, algo cambia

Un mediodía, después de un turno de doce horas, crucé la Plaza de Armas camino a casa en lugar de tomar la combi de siempre. El sol pegaba fuerte sobre la piedra blanca de la Catedral, y las palomas se apelotonaban cerca de la pileta central. Me senté un momento en una banca, no por cansancio físico sino porque necesitaba estar en un lugar donde nadie supiera nada de mi madre, de mi cuaderno ni de ningún curso de médium. Ahí, sin buscarlo, noté que llevaba varios minutos sin revisar el teléfono, algo raro en mí desde que empezó todo esto.

De vuelta en el edificio me crucé con Teófilo Hurtado, mi vecino del cuarto piso, que bajaba a botar la basura. Habla despacio, como si cada palabra tuviera que pasar antes por una aduana interna, y me preguntó nomás si había dormido bien esa noche. Le dije que sí. No le conté lo del olor.

La lección que me llevo de este cuaderno

He probado dos entradas distintas a todo esto. El curso Medium Certificado + Avanzado me dio la estructura que mi cabeza de enfermera necesitaba -aunque lo pagué en cuotas y aun así costó, y aunque el "Certificado" del nombre es del vendedor, no una acreditación oficial, cosa que aclaro porque yo misma me lo pregunté antes de inscribirme. Si estás empezando y quieres algo más liviano, el Taller de Ángeles tiene una comunidad de estudiantes activa detrás y ayuda a poner nombre a algunas señales, aunque no aborda directamente esta pregunta de si algo es real o es proyección.

Atardecer sobre el volcán Misti visto desde Yanahuara, cierre de una jornada de señales de duelo

Si algo me llevo de estas cuatro semanas es esto: no hace falta resolver si es señal o proyección antes de dejar que el cuerpo reaccione. Primero anoto la fecha y lo que sentí, tal cual pasó, sin interpretarlo todavía. Después, con el cuaderno ya lleno de esa semana, decido si le creo o no. Anotar antes de juzgar tiene sus propios beneficios más allá de esta duda puntual -eso lo cuento en otra entrada-, pero incluso sin esa ventaja seguiría llenando el cuaderno verde, solo por costumbre. Mañana tengo turno temprano otra vez. Si al volver el pasillo huele a almendras, ya sé qué hacer: anotarlo, y seguir con mi día.

Cada proceso de duelo es distinto, y lo que yo anoto en mi cuaderno verde es mi verdad, no una receta para nadie más. Si estos olores vienen acompañados de otros síntomas, o si el dolor te impide levantarte para ir a trabajar, busca ayuda profesional; una señal nunca debería confundirse con una depresión clínica sin tratar.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.