
Tengo el reloj de la cocina entre las manos, dándole vueltas, buscando el clavo del que se soltó, y llevo así un buen rato: no hubo temblor, no hubo corriente de aire, y aun así el vidrio quedó intacto sobre las baldosas de nuestro departamento en Arequipa la mañana del día de la santa de mamá. Ese tipo de imagen es justo la que después se repite en cualquier cuenta de señales del más allá como si fuera prueba automática de algo, y ahí es donde quiero detenerme, porque no es tan simple como lo pintan.
La idea que más se repite en ese mundo es que un objeto caído siempre significa algo, que basta con que se mueva solo para tener la confirmación que una busca en pleno duelo espiritual. A mí también me lo vendieron así cuando seguía cuentas de tarotistas e intuitivas en Instagram, buscando una respuesta rápida a por qué mi mente no paraba de fabricar coincidencias. No funcionó: cada cuenta decía algo distinto sobre el mismo tipo de señal, y terminé más confundida que al principio, no más tranquila.
Antes de seguir, la aclaración de siempre en este cuaderno verde: más abajo hay enlaces a cursos de mediumnidad para principiantes que he ido tomando en Hotmart para entender esto, y si te matriculas a través de alguno recibo una comisión sin costo extra para ti. No soy médium certificada ni psicóloga, ya pues, solo soy Inés anotando dudas entre turno y turno de la clínica.
El mito que repiten en todos los perfiles de señales del más allá
En el hospital me enseñaron que todo golpe tiene una causa: un moretón es un trauma, una fiebre es una infección. Frente al Misti, que se ve desde media ciudad, la lógica no siempre alcanza, pero eso no significa que cualquier cosa que se caiga sea un mensaje directo de mamá. Ese es el error que más veo repetirse: tratar la caída de un objeto como prueba automática, sin revisar antes lo obvio.
Primero la física, después el duelo espiritual
Antes de preguntarte qué significa un reloj o un portarretrato caído, toca descartar lo físico: el clavo oxidado, la vibración del tráfico, el pegamento que se seca con el calor de Arequipa. Si después de revisar eso el objeto se sigue cayendo justo cuando piensas en la persona que ya no está, recién ahí vale la pena preguntarse por el duelo espiritual detrás. Esa es la regla que uso: primero física, después interpretación, nunca al revés.
¿Es señal o es mi imaginación?
El reloj que cayó la mañana del día de la santa de mamá me obligó a hacer esa pregunta desde lo físico, no desde la fe: cuando el objeto cae delante de ti, decidir si cuenta como señal no se puede hacer despacio, y ahí una se equivoca fácil para cualquier lado. Si quieres profundizar en esa distinción, tengo aparte una entrada sobre cómo saber si son señales de seres queridos o mi imaginación.
¿Qué significa cada objeto cuando cae sin explicación?
Cuando lo físico ya quedó descartado, el objeto en concreto sí importa. Un reloj suele apuntar al tiempo que no hemos sanado, a un ciclo que seguimos posponiendo cerrar. Una fotografía que se cae habla más de reconocimiento o de algo sin perdonar con la persona del retrato que de un mensaje literal. Un vaso o una copa que se rompe sin que nadie la toque suele leerse como una descarga de energía acumulada en la casa, no como un aviso puntual. Y si lo que cae está del lado izquierdo del cuarto, en varias tradiciones eso se asocia con la energía receptiva y materna, así que a mí ese lado siempre me hace pensar en ella.
Un portarretrato se me cayó hacia adelante en el pasillo, como si alguien lo hubiera empujado con cuidado desde atrás, y durante días me pregunté si no estaría proyectando mi propio duelo sobre un marco mal apoyado. Es lo que le digo a mi hermana para que no se preocupe. Pero ese escalofrío seco en la espalda cuando escuchas un cristal romperse en el cuarto de al lado y sabes que estás sola, eso no se proyecta tan fácil, eso se siente en la piel.
La energía que no encontró otra salida
Hay otra idea que me cambió la perspectiva, y la escuché revisando un módulo del curso Medium Certificado + Avanzado: a veces no es un espíritu externo el que mueve el objeto, somos nosotros. El estrés emocional reprimido, sobre todo el duelo que no dejamos salir, genera una tensión física real. Como técnica de enfermería sé que el cuerpo también es electricidad, y si guardamos mucha pena, mucha rabia o mucha tensión, esa energía puede saltar hacia el ambiente como un pequeño cortocircuito.
Quizás no fue mamá empujando el portarretrato. Quizás fui yo, mi propia pena apretada saliendo como un chispazo y alterando el equilibrio de las cosas por un segundo. Esa idea me dio más calma que susto: no era algo externo viniendo a asustarme, era mi cuerpo pidiendo un respiro que yo no le estaba dando en ningún otro momento del día.
Los días que más dudo, camino un rato por la calle San Lázaro, la más antigua de la ciudad, con esas paredes de sillar que una vecina fotografía casi todas las mañanas con el celular, buscando la luz exacta antes de que suba el sol. A mí esa luz no me dice nada en particular, pero entiendo la insistencia: todas buscamos algo que se repita para no sentir que todo es puro azar.
Lo que los cursos de mediumnidad para principiantes sí aclaran
Cuando empecé con esto me daba vergüenza reconocerlo en voz alta. Me inscribí primero en el Taller de Ángeles porque tenía un precio más accesible para probar sin comprometerme del todo, y las cartas angelicales me sirvieron para ponerle nombre a algunas de las cosas que sentía, aunque estaba más pensado para lectura sistemática que para acompañar un duelo concreto.
Después busqué algo que hablara más de mediumnidad para quienes recién empiezan, sin tanto formalismo, y ahí volví al Medium Certificado + Avanzado. Tiene una comunidad de estudiantes activa, que ayuda bastante cuando dudas seguido de todo, y un nivel avanzado incluido para cuando el contenido de principiante ya se queda corto. El nombre "certificado" es del vendedor, no una acreditación oficial, y algunos módulos parten de creencias que yo no comparto del todo, pero me sirvió para no sentirme tan sola con esto.
Si lo tuyo es algo más estructurado con las cartas, el Curso del Tarot puede ser una entrada de bajo riesgo, aunque a mí me pareció demasiado técnico para lo que buscaba, que era algo más cercano a mi cuaderno de señales que al tarot tradicional.
Cómo decidir si vale la pena anotarlo en el cuaderno verde
Hay una entrada de hace seis meses en el cuaderno verde que no termino de reconocer: la letra sale más inclinada, más apretada que la mía, y no logro ubicar en qué turno la escribí. La reviso de vez en cuando y me pregunto si esa noche estaba tan cansada que mi propia letra cambió, o si fue otra cosa. No tengo respuesta, y esa es la parte que más cuesta aceptar de todo esto.
Llevar un cuaderno de señales, aunque sea desordenado como el mío, ayuda a notar patrones que la memoria sola no guarda bien. Si sientes un escalofrío, una presión en el pecho o un olor familiar justo cuando algo cae, anótalo con fecha y hora, porque el patrón casi nunca se ve en el momento, se ve meses después releyendo. A veces esas caídas coinciden con otros fenómenos, como te cuento en mi entrada sobre por qué siento olor a perfume de alguien fallecido en casa.
A otras personas les pasa con sueños que insisten en el mismo lugar en vez de con objetos que caen, y la pregunta de fondo termina siendo la misma: ¿esto significa algo o mi cabeza lo arma para poder seguir? Hablar en voz alta cuando pasa (yo a veces digo "ya te escuché, gracias") no cambia la física de nada, pero ayuda a bajar la ansiedad del momento, y eso ya es suficiente motivo para hacerlo.
Meterte a un curso de mediumnidad para principiantes tampoco te vuelve experta de la noche a la mañana, y esa parte más incómoda la cuento aparte en otra entrada porque acá se me haría muy largo. Lo que sí puedo decir es que limpiar el espacio (abrir la ventana, mover los objetos de sitio, dejar que circule el aire) parece bajarle el peso a la energía estancada, aunque nunca he sabido si eso es física simple o algo más.
Lo que cambia cuando dejas de necesitar que todo sea una señal
Cinco años después de que mamá se fue, ya no necesito que cada objeto que cae sea un mensaje para sentir que sigue presente de alguna forma. Miro el lugar donde estaba el reloj y no extraño que siga ahí; aprendí a medir el tiempo de otra manera. La regla física-primero, interpretación-después me quitó la ansiedad de tener que descifrar todo al instante, y eso, más que cualquier señal puntual, es lo que realmente cambió.
Si algo se te cae seguido y ya revisaste lo físico, tal vez no necesites una respuesta definitiva, solo un lugar donde anotarlo sin que nadie te diga que estás loca. Sigo yendo a mis controles en la clínica y hablando con mis compañeras de turno, porque la espiritualidad para mí es un complemento del duelo, nunca un reemplazo de la salud mental. Y sigo revisando los domingos algún módulo del Medium Certificado + Avanzado, no porque tenga todas las respuestas, sino porque de a poco entiendo mejor las preguntas.