
A mediados de marzo, las 5:45 de la mañana. El frío de la piedra sillar en mis manos, mientras me apoyo en la baranda del balcón, es esa clase de frío que te despierta antes que el café. Aquí en Yanahuara, la luz del sol todavía no termina de encender el blanco de la ciudad, pero el Misti ya tiene ese contorno azulado y nítido. Estaba ahí, quieta, pensando en el turno de noche en la clínica, cuando apareció. Un zumbido pequeño, casi eléctrico. Un colibrí se quedó suspendido, vibrando, justo frente a mis ojos, en el lugar exacto donde mamá solía sentarse a ver la montaña. Sentí un calor repentino en el pecho, un contraste absurdo con el sillar helado.
Antes de seguir con lo que anoté en mi cuaderno verde sobre esto, una aclaración necesaria. En este blog comparto links de afiliados de Hotmart. Si decides matricularte en alguno de los cursos que menciono a través de ellos, yo recibo una comisión por la recomendación, pero a ti no te cuesta ni un sol más. Solo hablo de los cursos en los que yo misma me inscribí para tratar de entender lo que me pasaba después de 2021. No tomes nada de esto como una verdad científica o espiritual absoluta; es solo mi diario, mi proceso de notar cosas mientras sigo trabajando como asistente de enfermería.
¿Un mensaje o solo biología en el balcón?
Qué bestia es el silencio cuando uno espera una respuesta. Como enfermera, mi mente está entrenada para los datos. Sé que un colibrí tiene una frecuencia de aleteo de 80 aleteos por segundo. Sé que su corazón puede alcanzar los 1200 latidos por minuto cuando está en plena actividad. Es una máquina biológica de precisión, buscando néctar, siguiendo flores. Pero esa mañana, el pájaro no miraba las flores del vecino; me miraba a mí. O eso quería creer yo.
Me pregunté, mientras lo veía desaparecer hacia los tejados de sillar, si estaba proyectando mi duelo. Llevo cinco años sin mamá y el cuaderno verde está lleno de estas dudas. ¿Es una señal o es que mi mente, desesperada por un cierre que no llega, dibuja significados en el aire? A veces pienso: 'Si mi hermana me viera hablando con un pájaro, llamaría a un psicólogo, pero ella no siente este silencio que me acompaña'. Ella prefiere la seguridad de lo que se puede tocar, y yo... yo ya no sé qué es lo que se puede tocar realmente.
La búsqueda de estructura en el cuaderno verde
Para finales de marzo, la inquietud no me dejaba dormir bien después de los turnos. Necesitaba saber si otras personas veían lo mismo. Ya había pasado por el Taller de Ángeles y Lectura de Cartas Angelicales el año pasado, que me ayudó a ponerle nombre a ciertas sensaciones, pero esta vez buscaba algo más profundo. Fue cuando decidí entrar en el curso Medium Certificado + Avanzado.
Me llamó la atención que tiene una calificación promedio de 4.1; no es perfecto, pero la comunidad de alumnos es muy activa. Lo que buscaba no era volverme una médium de televisión, sino entender la diferencia entre una coincidencia biológica y una sincronía espiritual. En una de las lecciones, hablaban de los Fenómenos de Comunicación Después de la Muerte (ADC). Dicen que los animales pequeños, por su alta vibración, son vehículos comunes para estas 'visitas'. Pero el curso también me obligó a mirar la otra cara: la proyección psicológica.
A veces, ver un colibrí es simplemente ver un ave. Y forzarlo a ser un mensaje de mamá puede ser una forma de evitar el dolor crudo de la ausencia. Es un equilibrio delicado. He aprendido que llevar un diario de señales de seres queridos fallecidos ayuda a decantar la emoción del hecho real. Si anoto la hora, el clima y lo que sentí, después de unos meses puedo ver patrones. O puedo ver mis propios deseos escritos en tinta azul.
El colibrí en la cultura andina y la tanatología
Aquí en Arequipa, la conexión con lo que no se ve siempre ha estado ahí, entreverada con la fe católica de mi padre y las historias de los abuelos. En la cosmovisión andina, el colibrí no es cualquier pájaro; es el mensajero de las almas. Se dice que vienen a decirnos que el ser querido está bien, que el tránsito ha sido tranquilo.
Desde la tanatología moderna, la observación de aves se usa mucho como terapia. Te obliga a estar presente, a hacer un mindfulness natural. Cuando el colibrí apareció de nuevo una mañana de abril, intenté no interpretar. Solo observé. Me fijé en el brillo verde metálico de sus plumas. Recordé que mamá siempre decía que el jardín necesitaba más flores rojas para que 'vinieran las visitas'.
¿Es posible que mi subconsciente recordara esa frase y por eso mi cerebro 'creó' la importancia del momento? Es una posibilidad que no puedo descartar. De hecho, en el curso avanzado que estoy siguiendo, insisten en que la intuición debe ser filtrada por el discernimiento. No todo lo que brilla es una señal, pero algunas cosas brillan de una forma que el corazón reconoce antes que la lógica. Es como cuando uno siente el aroma de una crema de manos a las 4 de la mañana; no hay explicación física, pero la memoria celular reacciona.
¿Señal o bloqueo del duelo? Una perspectiva distinta
Aquí es donde mi cuaderno verde se vuelve un poco amargo. He empezado a considerar una idea que aprendí en uno de los módulos: a veces, obsesionarse con buscar señales es una forma de no dejar ir. Si cada pájaro es mamá, entonces mamá no se ha ido del todo. Y si no se ha ido, no tengo que enfrentar el vacío final de su muerte.
Ver colibríes podría ser, en algunos casos, una proyección psicológica que bloquea el proceso de duelo real. Si nos quedamos atrapados en la 'magia' de la señal, quizás no estamos haciendo el trabajo sucio y necesario de llorar la pérdida de la persona física. Es una trampa reconfortante. Yo misma he caído en ella. Pasé semanas esperando que el colibrí volviera al balcón de Yanahuara, descuidando mis propias caminatas por el Mirador, ese lugar donde solíamos sentarnos juntas frente al Misti.
Aprendí que la señal debe ser un consuelo momentáneo, no una muleta permanente. Si te interesa explorar estas herramientas, el Medium Certificado + Avanzado ofrece una estructura, pero recuerda que yo no soy terapeuta ni experta. Soy una enfermera que todavía llora en el vestidor de la clínica. Si sientes que el dolor te sobrepasa, busca a un psicólogo colegiado. La salud mental es tan real como la presión arterial que tomo cada día en el trabajo.
La paz de no necesitar pruebas
Hace apenas unos días, después de tres semanas de curso intenso, volví a ver al colibrí. Esta vez no busqué el cuaderno verde de inmediato. No traté de medir los latidos por minuto ni busqué significados en Google. Simplemente respiré. Noté que mi ritmo cardíaco, usualmente acelerado por el estrés de los turnos dobles, se calmaba.
Quizás el significado de ver un colibrí no es un mensaje con palabras, sino la invitación a recuperar la calma. La señal no necesita ser probada científicamente para ser útil. Si te da paz, si te permite sonreír un segundo mientras caminas por la calle San Juan de Dios hacia el mercado, entonces cumple su función, sea una visita del alma o una construcción de tu cerebro para sobrevivir a la tristeza.
Sigo organizando mis notas en cuaderno-de-senales.pages.dev. Es mi rincón secreto. Mi padre sigue yendo a misa y mi hermana sigue confiando solo en lo que ve, y está bien. Cada uno sobrelleva el peso de la ausencia como puede. Yo elijo mirar al Misti, esperar el zumbido de las alas y aceptar que hay misterios que no se resuelven con un manual de enfermería ni con un dogma, sino con el silencio de una mañana en Arequipa.
Si tú también sientes que hay momentos que no puedes explicar, tal vez te sirva leer sobre el significado espiritual de que se caigan cosas sin explicación física o revisar mi experiencia con un curso de mediumnidad online. No para encontrar una verdad final, sino para no sentirte tan sola en esta búsqueda. Al final, lo que importa es cómo esa 'señal' te ayuda a dar el siguiente paso, ya pues, aunque sea un paso cortito.
Si sientes que necesitas una guía más estructurada para entender estas sensaciones sin perder el suelo, el curso que a mí me dio un marco de referencia fue el Medium Certificado + Avanzado. Me costó pagarlo, pero me dio las preguntas correctas, que a veces son más importantes que las respuestas.