
Una tarde de agosto el año pasado, cuando el sol de Arequipa ya empezaba a esconderse detrás del Misti y el aire de Yanahuara se ponía cortante, sentí que algo me caminaba por la espalda. No era una corriente de aire de la ventana abierta. Era un frío seco, puntual, que me erizó los vellos de los brazos justo en el momento exacto en que cerraba los ojos para recordar el olor del café que preparaba mi madre. Me quedé quieta, con la taza a medio camino, preguntándole al silencio si eso era ella o si solo era el invierno de la sierra calándome los huesos.
Antes de seguir, quiero contarte algo. En este cuaderno de señales que comparto aquí, a veces pongo links de afiliados a Hotmart. Si decides inscribirte en alguno de los cursos que menciono, como el que yo tomé para entender estas cosas, me llega una comisión por la recomendación. Tú no pagas ni un sol de más, pero a mí me ayuda a mantener este espacio. Eso sí, solo hablo de lo que yo misma he estudiado y probado. No soy experta, ni médium, ni psicóloga; solo soy una asistente de enfermería que escribe para no olvidar.
El cuaderno verde y los termómetros que mienten
Desde que mamá murió de cáncer de páncreas a principios de 2021, mi vida se volvió una colección de momentos que no sé dónde clasificar. Trabajo en una clínica en el centro, cerca de la Av. Goyeneche, y ahí todo es lógica: si un paciente tiene frío, es hipotermia o fiebre. Pero en mi departamento de Yanahuara, en ese tercer piso que ella me ayudó a comprar en 2015, la lógica a veces se queda corta. Aquí las paredes son de sillar, esa piedra volcánica blanca que es un aislante natural increíble; mantiene el calorcito del sol de la tarde durante horas. Por eso, cuando siento un frío que me hace castañear los dientes de la nada, mi mente de enfermera entra en conflicto.
Lo anoté en mi cuaderno de lino verde: "Media tarde, frente al balcón. El termómetro marca 18 grados, pero mi piel jura que estamos bajo cero. Pensaba en su crema de manos". Durante meses, me pregunté si estaba proyectando mi pena o si el cuerpo tiene una forma de registrar ausencias que la ciencia no nos explica en los manuales de la clínica.
¿Qué es la clarisensibilidad? Aprendiendo en el curso
Fue a mediados de este año, cuando ya no aguantaba la duda, que me matriculé en el curso Medium Certificado + Avanzado. No buscaba un diploma para ponerlo en la pared, buscaba entender si me estaba volviendo loca. En uno de los módulos explicaban el concepto de clarisensibilidad. Básicamente, es la capacidad de percibir cambios en la energía del entorno a través de sensaciones físicas. La instructora decía que los seres que ya no están tienen una vibración distinta, mucho más rápida y sutil que la nuestra.
Cuando ellos intentan acercarse, nuestra densidad física reacciona a ese cambio de frecuencia bajando la temperatura de nuestra piel. Es como cuando pasas la mano cerca de un televisor antiguo y sientes la estática. Qué bestia, pensé. En el curso, que tiene una calificación de 4.1 en la plataforma, hablaban de que ese frío no es falta de calor, sino un choque de frecuencias. No sé si lo creo al cien por ciento, pero me dio un respiro. Quizás mi madre no estaba lejos, sino simplemente vibrando en una escala que mis ojos no ven, pero mis poros sí.
Si te pasa algo parecido, quizás te sirva leer sobre cómo entender sensaciones físicas al intentar conectar con seres queridos para que no te asustes tanto la primera vez.
Cuando el frío no es una señal: El peso de la ansiedad
Aquí es donde mi lado de enfermera tiene que hablar claro, ya pues. No todo escalofrío es una visita. En el tiempo que llevo escribiendo mi cuaderno, he aprendido a distinguir. Hay un frío que viene con una paz extraña, casi como un abrazo invisible. Pero hay otro frío, uno que te aprieta el pecho y te hace temblar las manos, que no tiene nada que ver con el más allá.
Para las personas que viven con trastorno de ansiedad generalizada, estos cambios de temperatura suelen ser manifestaciones somáticas. El sistema nervioso se dispara, la sangre se va a los órganos vitales y las extremidades se enfrían. Si cada vez que piensas en tu familiar sientes un frío angustiante que no te deja respirar, lo más probable es que sea tu propio dolor y tu ansiedad pidiendo ayuda clínica, no una señal espiritual. En la clínica veo a mucha gente así. Por eso siempre digo: si el frío te quita el sueño o te genera pánico, habla con un psicólogo o ve a tu centro de salud. El duelo es un proceso biológico antes que místico.
La diferencia entre el duelo y la intuición
A veces me siento en el mismo banco del Mirador de Yanahuara donde mamá solía sentarse. Estamos a 2335 metros de altitud, el aire es ralo y el Misti, con sus 5822 metros, parece que te vigila. Ahí, el frío es real, es geográfico. Pero en mi cuaderno he notado que las "señales" reales suelen ser breves, sutiles y, sobre todo, no traen miedo.
- La señal: Un escalofrío repentino, una sensación de que el aire se vuelve más denso, seguido de un recuerdo bonito o un aroma (como su crema de manos a las 4 de la mañana).
- La proyección: Un frío persistente, temblores de angustia, la sensación de estar siendo observado con malicia o desesperación.
Si sientes que lo tuyo va más por la primera opción, tal vez estés empezando a notar algo más. Yo misma me preguntaba cómo saber si soy médium después de tantas coincidencias, y la respuesta siempre vuelve a la calma que sientes después del frío.
¿Qué hacer cuando sientes ese frío repentino?
Cuando me pasaba al principio, me abrigaba con tres mantas y prendía todas las luces. Ahora, después de las lecciones del curso y de llenar medio cuaderno de lino, hago algo distinto. Me quedo quieta. Respiro. Si estoy en mi balcón viendo la luz blanca del sillar de la ciudad, simplemente digo en voz baja: "Te siento, mamá. Gracias por pasar".
No necesito que el reloj de la cocina se caiga de nuevo para saber que algo se movió en el aire. He aprendido que la energía no se destruye, solo se transforma, y a veces esa transformación se siente como un cubito de hielo recorriéndote la nuca. No es para asustarse, es para observar.
A veces, cuando el turno en la clínica ha sido muy pesado y llego a casa con los pies hinchados, me pongo a ver los videos de Taller de Ángeles. Es más sencillo, menos técnico que el de Mediumnidad, y me ayuda a bajar las revoluciones. Me costó unos 77 dólares, pero para las noches de soledad en Yanahuara, ha valido cada centavo. Aunque, si te soy sincera, la mayoría de las respuestas las he encontrado en el silencio, esperando a que el frío me cuente su historia.
Reflexiones desde el balcón de Yanahuara
Ya es casi medianoche. El Misti es solo una sombra negra contra el cielo estrellado de Arequipa. Acabo de cerrar mi cuaderno verde por hoy. La entrada de esta noche dice: "Sin frío hoy. Solo el viento de la calle. Quizás hoy no necesitaba señales, solo dormir".
Si tú también sientes esos escalofríos al pensar en los que se fueron, no te apresures a buscar un manual de exorcismo ni tampoco a ignorarlo como si fuera una tontería. Escucha a tu cuerpo. Si el frío viene con paz, recíbelo. Si viene con miedo, busca apoyo profesional; no hay ninguna vergüenza en necesitar terapia para transitar el vacío que deja una madre o un padre.
Yo sigo aquí, entre mis turnos en la clínica y mis cursos de Hotmart, tratando de descifrar este lenguaje de piel y memoria. Si te interesa profundizar en estas sensaciones, date una vuelta por mi texto sobre cómo desarrollar la mediumnidad mental, que me ayudó mucho a ponerle orden a tanto pensamiento suelto. Al final, lo que importa no es si el frío es una prueba científica, sino si ese momento te hace sentir, aunque sea por un segundo, que no estás caminando sola por este departamento tan grande.
Cuídate mucho. Y si sientes ese airecito en la nuca mientras tomas tu café, simplemente sonríe. Quién sabe, tal vez te están saludando.