Cuaderno de Señales

Cómo usar cartas de ángeles para encontrar paz tras una pérdida reciente

2026.07.31
Cómo usar cartas de ángeles para encontrar paz tras una pérdida reciente

Una tarde de finales de marzo, el sol bajaba sobre el Misti con esa luz que parece que va a encender el sillar. Me apoyé contra la pared de mi balcón en Yanahuara. El roce áspero de la pared de sillar contra mi espalda me recordó que seguía aquí, aunque a veces, después de un turno largo en la clínica, me siento como un fantasma. El aire frío de la tarde arequipeña me obligó a cerrar la chaqueta. Tenía entre las manos un mazo de cartas que acababa de llegar. 44 cartas. Exactamente 44. Las conté dos veces, no sé por qué. Quizás porque en el hospital todo se cuenta: los miligramos, las gasas, las horas de sueño que no tenemos.

Hacía unos cuatro meses que había empezado a buscar algo que me ayudara a ordenar el ruido. Mamá se fue hace cinco años, pero el vacío tiene una forma extraña de cambiar de peso. No es que pese menos, es que se mueve. Ya pues, una piensa que el tiempo lo cura todo, pero a veces el tiempo solo te da más espacio para notar las ausencias. En mi cuaderno de señales, ese de lino verde que guardo como si fuera oro, había anotado que el olor a su crema de manos volvió a aparecer en el pasillo a las cuatro de la mañana. No sé si fue una señal o si mi cerebro, cansado de tanta guardia, proyectaba el recuerdo. Pero ahí estaba.

El primer encuentro con el mazo en el balcón

Sentí un pequeño temblor en las yemas de mis dedos al deslizar la primera carta del mazo. Tenía miedo. Qué bestia, miedo de un pedazo de cartón. Temía que no saliera nada que tuviera sentido, o peor, que saliera algo que me obligara a estar 'feliz'. Hay mucho de eso en internet, ¿no? Esa idea de que si tienes fe, el dolor se esfuma. Pero en Arequipa, a 2335 metros sobre el nivel del mar, el aire es lo suficientemente ralo como para saber que la realidad no se puede adornar tanto.

Manos sosteniendo una carta de ángeles contra una pared de piedra sillar blanca

Había decidido probar un taller de ángeles en Hotmart después de ver un anuncio una noche de insomnio. No buscaba milagros. Buscaba una estructura. Las cartas de ángeles, a diferencia de otras herramientas, no tienen esas figuras que a veces asustan. Son suaves. Pero esa tarde, mientras miraba el volcán, me di cuenta de que la paz no es la ausencia de dolor. Es, tal vez, tener un lugar donde ponerlo. Saqué la primera carta. No decía 'todo estará bien'. Decía 'Escucha'. Y en ese momento, el silencio del departamento, ese que mi madre ayudó a comprar en 2015, se sintió menos pesado.

¿Señal o proyección? La duda constante

En mi diario, la entrada de ese día es corta. Escribí: '¿Es el ángel o soy yo queriendo no estar sola?'. No tengo la respuesta. No soy médium ni experta. Solo soy una técnica de enfermería que ha visto a mucha gente partir y que todavía no sabe qué hacer con su propia pérdida. Pero al sostener esas cartas, sentí que me daba permiso para pausar. A veces, cuando una está en pleno duelo reciente —y cinco años pueden sentirse como ayer—, el mundo te empuja a 'superarlo'. Las cartas me obligaron a sentarme. A mirar el sillar. A respirar.

A veces, al intentar conectar, aparecen sensaciones físicas al intentar conectar con seres queridos que me hacen dudar. Un escalofrío, un calor repentino. Las cartas me sirven para aterrizar esas sensaciones. No son un oráculo mágico, son más como un espejo de lo que ya tengo adentro pero no me atrevo a decir.

El invierno y el peso de la intención

Durante las primeras semanas de invierno, el frío en Yanahuara se vuelve persistente. Empecé a usar las cartas como un ritual antes de irme a la clínica. No es que las cartas me dijeran qué iba a pasar en el turno de la Av. Goyeneche, sino que me daban una palabra para rumiar mientras cambiaba sábanas o tomaba la presión. Una mañana saqué la carta de la 'Aceptación'. Me dio rabia. Qué fácil es escribirlo en una carta y qué difícil es aceptarlo cuando ves la silla vacía en la cocina.

Carta de ángeles metida en un cuaderno de lino verde sobre una mesa

Aquí es donde mi opinión se separa de lo que dicen en muchos cursos. A veces, las cartas de ángeles se usan para tapar el sol con un dedo. 'Todo es luz', te dicen. Pero yo creo que las cartas sirven también para confrontar la ira. Ese día le dije al cuaderno verde: 'Hoy no acepto nada'. Y curiosamente, decir eso me trajo más paz que intentar forzar una sonrisa. Las cartas son un punto de partida, no una orden. Son una herramienta para notar lo que te pasa, incluso si lo que te pasa es que estás molesta con la vida.

Es importante recordar que esto no reemplaza la ayuda profesional. Yo misma he pensado en buscar un psicólogo en alguno de los 29 distritos de nuestra provincia cuando siento que el cuaderno no alcanza. No soy profesional de la salud mental, solo soy alguien que anota cosas. Si sientes que el dolor te sobrepasa, busca a un especialista, ya pues, no hay que hacerse la fuerte siempre.

El día de la receta y la carta del consuelo

Un domingo por la mañana el mes pasado, estaba ordenando unos cajones y encontré una receta de mamá. Estaba escrita en un papel amarillento, con su letra pequeña y apurada. El olor del papel me recordó al mercado de la calle San Juan de Dios donde ella compraba las especias. Me senté en el suelo, llorando como si hubiera pasado hace una semana. Después de un rato, busqué el mazo. Barajé las 44 cartas con movimientos lentos. Salió 'Consuelo'.

No lo sentí como un mensaje del más allá. Lo sentí como un permiso. Como si la carta me dijera: 'Está bien llorar por una receta de pepián'. Entendí que la carta funciona como un permiso para sentir, no como un telegrama. En ese momento, el beneficio de llevar un diario de señales se hizo evidente: pude anotar el hallazgo de la receta y la carta del día como dos puntos que se unían, no por magia, sino por mi propia necesidad de recordar con amor.

Receta antigua de cocina junto a un mazo de cartas de ángeles

Cómo empezar sin sentirse tonta

Si estás pasando por esto, quizás te sientas un poco ridícula comprando cartas. Yo me sentía así. Pero aquí te dejo lo que me ha servido en mi pequeña rutina en Yanahuara:

He aprendido que el sillar de Arequipa es poroso; retiene el calor del sol y lo suelta de a pocos cuando llega el frío. Siento que el duelo es igual. Retenemos el amor de los que se fueron y lo vamos soltando en forma de recuerdos, de señales, o de cartas, para no congelarnos en la soledad del presente.

La paz no es el final del camino

Ayer, mientras caminaba hacia el Mirador de Yanahuara, vi a una señora sentada en el mismo banco donde soñaba a mi madre. Era el mismo banco frente al Misti. Me quedé mirándola un rato. No era ella, claro. Pero la sensación de paz fue real. Saqué una carta al volver a casa y salió 'Nuevos comienzos'. Me reí sola. Qué bestia, el universo a veces tiene un sentido del humor muy sutil.

Banco vacío en el Mirador de Yanahuara frente al volcán Misti al atardecer

No sé si mañana seguiré creyendo en las señales. Hay días en que el escepticismo me gana y pienso que solo soy una mujer de 41 años con mucha imaginación y un cuaderno verde. Pero luego recuerdo el olor a crema de manos a las 4am y me permito dudar de mi propio escepticismo. Las cartas de ángeles me han dado un lenguaje para esas dudas. Me han enseñado que buscar paz no es lo mismo que olvidar. Es aprender a vivir con una silla vacía mientras agradeces haber tenido a alguien que la ocupara.

Si te interesa explorar otros lenguajes, hace un tiempo escribí sobre los pasos para usar el tarot y conectar con la intuición personal, que es otra forma de mirar hacia adentro, aunque con un tono distinto. Al final, se trata de encontrar lo que a ti te dé un respiro entre turno y turno, entre recuerdo y recuerdo. No hay una forma correcta de estar triste, solo hay formas de seguir caminando.

Hoy es 31 de julio de 2026. El sol ya se ocultó tras el volcán. Voy a cerrar el cuaderno verde, guardar mis 44 cartas y prepararme para el turno de noche. No sé qué señales encontraré hoy en la clínica, pero al menos sé que tengo un lugar donde anotarlas mañana, cuando el primer rayo de luz vuelva a tocar el sillar de mi balcón.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.